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martes, 6 de mayo de 2008

Elecciones, elecciones y más elecciones

En las últimas semanas, tres países muy vinculados con Argentina vivieron procesos electorales. Por un lado, Italia vivió el retorno de la derecha al poder. Una figura que a mí me interesa sobremanera, Silvio Berlusconi, supo llegar al palacio de Chiggi aliado a sectores ultraconservadores, contándose entre ellos neofascistas. Incluso su partido ganó en Roma, bastión de la centroizquierda desde la Segunda Guerra Mundial.
En Paraguay, quebrando décadas de supremacía del Partido Colorado, ganó Fernando Lugo, obispo suspendido a divinis, quien encabezó una alianza de centroizquierda. No me resulta muy simpática la idea de que un clérigo participe en la política a nivel partidario; su función es distina y, además, cuando los eclesiásticos olvidaron la sentencia evangélica de "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" las consecuencias no siempre fueron positivas. Me preocupa que la oposición paraguaya haya necesitado conseguir el apoyo de un personaje prestigioso que se supone aséptico ante las disputas partidarias.
Respecto a las críticas elecciones en Bolivia, lamento mucho las graves consecuencias: un muerto, decenas de heridos, urnas incineradas. Me aterra, asimismo, la crisis institucional: un plebiscito local que no es reconocido por el gobierno nacional habla de una situación complicada e impredecible.
Espero que los gobiernos de los tres países, contando con oposiciones sensatas, puedan regir con sabiduría los destinos de cerca de 75 millones de personas, pensando siempre en el bienestar general de sus pueblos y del resto de la humanidad.

lunes, 24 de marzo de 2008

24 de marzo

Es una fecha que se debe recordar por el resto de la historia argentina. Si se olvidara el 24 de marzo, no sólo se estaría perdiendo la memoria de una interrupción a la vida institucional. Se estaría olvidando la muerte de incalculables personas. Innumerables mujeres y hombres que vieron muerta su capacidad de expresarse y de recibir noticias imparciales. Incontables personas que vieron muertos sus deseos de permanecer en su país, debiéndose exiliarse. Ni hablar de los que perdieron toda su vida en manos de los militares durante la represión y de sus familiares y amigos, de aquellos que perdieron su identidad o de quienes fueron enviados a la guerra más absurda que pueda imaginarse.
Es una fecha luctuosa. No la elegiría como feriado. A veces pareciera que la mayoría de los feriados argentinos son para llorar y no para festejar. Sin embargo, no por ello se debe despreciar el duelo. Quien no crece con el dolor, no llega a conocer la verdadera alegría. No es fácil comprometerse con la conservación de la memoria. Este servidor, desde su humilde sitio, intenta todo lo posible.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Pueblos Menores de Edad

Hay pueblos en una situación curiosa. Como dependen de una potencia mayor, algunos los consideran colonias. Sin embargo, no encastran en las definiciones clásicas de colonia. Ni fueron necesariamente fundados por habitantes de la potencia a la cual responden, ni tampoco sufren la explotación desenfrenada de la misma. Carecen de los derechos inherentes a un país independiente, como la libertad de celebración de tratados con potencias extranjeras, pero sus deberes se ven asimismo disminuídos, ya que reciben una ayuda económica del país al cual están unidos que les permite gozar de un nivel de vida muy superior del aquel de disfrutarían sin estas colaboraciones.
Son, por ende, pueblos menores de edad. No son libres. No pueden tomar decisiones por sí mismos, pero a cambio de esto no deben preocuparse por su supervivencia. Ceden el mayor de sus derechos a cambio de que otro se ocupe de la mayor de sus obligaciones.
En América, el paradigma de pueblo menor de edad es Puerto Rico. Es un Estado Libre Asociado o Mancomunidad dependiente de Estados Unidos. Su tutor les envía dinero, pero el costo no es pequeño. No sólo Washington se asegura de un punto estratégico en el Caribe. Los puertorriqueños son incapaces de tomar decisiones sobre su política exterior y su participación en la política estadounidense se limita, para los residentes en su isla, a las internas de los partidos políticos como el Demócrata o el Republicano. Los que se encuentran en Estados Unidos pueden votar y ser elegidos para cualquier cargo, salvo el de presidente.
Un pueblo no puede seguir durante décadas bajo la tutela de otro. Cualquier forma de subordinación es reprensible, por más que cuente con la aceptación de ambas partes. Tal vez los adultos acepten la dependencia, pero es necesario que se eduque a los más jóvenes bajo el amor a la libertad y su consecuente responsabilidad.

martes, 19 de febrero de 2008

Tras casi medio siglo...

Me sorprendió la noticia dos veces. En primer lugar, no me imaginaba que Fidel Castro fuera a renunciar a la presidencia y a la Jefatura del Ejército de Cuba. Al igual que Juan Pablo II, con quien también se especuló con una renuncia, seguía a pesar de su larga edad y graves problemas de salud sin abandonar sus investiduras y, a mi criterio, todo seguiría como desde el 31 de julio de 2006, con su hermano Raúl Castro en el gobierno en forma provisoria y él reteniendo los títulos máximos.

En segundo lugar, para ser un hito tan trascendente en la historia mundial, me extrañó que los medios argentinos le dieran tan poca importancia. Cuando me enteré (que fue a las 13:30, habiendo estado desde la mañana despierto) pensé que todo el día iban a estar hablando en los medios sobre ello o iban a lanzar programas especiales; sin embargo, nada de esto ocurrió. Se tomó, como dos días atrás había sido la declaración de independencia de Kosovo, como la noticia del día, pero no la del mes y mucho menos la del año.

Me pregunto cómo seguirá de ahora en más la política cubana. Espero que puedan unir las conquistas de las últimas décadas (como en salud y educación) y las ventajas de un sistema democrático plural.

martes, 8 de enero de 2008

2007

Sin dudas, el año 2007 fue muy esperado en Argentina por las elecciones presidenciales. Ya desde unos dos o tres años atrás se lo mencionaba constantemente en los medios de comunicación. Para mí fue un honor y una gran responsabilidad participar de estos comicios. Al haberse ido el último 31 de diciembre podemos llevar adelante un examen crítico de él.En primer lugar, pienso que el resultado de las presidenciales no fue sorpresivo en absoluto. Todas las estadísticas dejaban a Cristina lejos de sus opositores y nadie negaba su ventaja. Mucho menos, el de las elecciones en la Provincia de Buenos Aires. Tal vez, en Capital Federal y en algunas provincias el resultado fue menos predecible. Y, en el Gran Buenos Aires, la mayoría de los intendentes consiguieron las reelecciones (que llevan varios "re" en muchos casos, como el de Enrique García, que consiguió su re-re-re-re-reelección).Respecto a los partidos políticos, me llaman la atención cómo quedaron en un segundo plano los movimientos históricos, siempre detrás de alguna figura autónoma; la división del ARI y la ausencia de internas entre los candidatos del Frente para la Victoria. Respecto a lo primero, lo veo como la continuación del proceso iniciado en 2001, con el que el sistema bipolar tradicional fue visto con desprecio y las estructuras fueron cediendo poder en favor de personajes carismáticos. Sobre lo segundo, lo veo como un posible ciclo (¿Podríamos definirlo como hegeliano?) de formación de nuevos partidos que se esté instalando de ahora en más: el partido que nació honesto se va degradando, una figura transparente del mismo se retira de él, forma uno nuevo para rescatar la decencia y, a medida que va acercándose al poder, va corrompiéndose, por lo que un nuevo líder lo abandona y repite el período. Acerca de lo último, me resulta muy curioso que, en tantos distritos, los dos (y a veces tres y más) candidatos más destacados hayan sido tan fervorosos en su apoyo al oficialismo como en el desprecio a sus adversarios de militancia kirchnerista. Las boletas más enfrentadas entre sí diferían sólo en la categoría municipal, lo cual me resulta ilógico. El gobierno de un municipio posee menos carga ideológica que el de una provincia o un país; es decir, a lo sumo podrá discutirse una mayor regulación estatal (lo único que podría clasificarse como "izquierda" o "derecha"), pero en definitiva todos quieren mejores salud, educación, espacios públicos, transparencia, etc. mientras que, para conducir un país, se deben tomar posturas en las relaciones internacionales y en cuestiones legales conflictivas (aborto, eutanasia, uniones homosexuales, drogas); por lo que es mucho más fácil que dos partidos puedan coincidir en un programa a nivel municipal que a escala nacional. Claro que muchos dirigentes prefieren ligarse a candidatos que puedan aportarles votos para obtener mayor influencia que buscar el consenso y un país más equilibrado.No puedo dejar de felicitar a los jueces que, durante el transcurso de este año, se atrevieron a continuar con la punición de los crímenes de la década de 1970 ni a los familiares y amigos de las víctimas que no se rinden a pesar de todas las dificultades. Ojalá no se detengan los juicios contra todos aquellos que se atrevieron a privar de derechos tan elementales como la libertad o la vida. ¿Qué democracia es entonces aquella que indulta a los que osan violar sus principios fundamentales?Tal vez sea muy insistente con esta idea mía, pero estoy convencido de que este es un síntoma más del mayor retroceso de la democracia argentina en los últimos años: la pérdida de un sistema partidario sólido y su reemplazo por un mosaico de candidatos que se alían y se dividen según lo exija la coyuntura electoral. Será responsabilidad de todos los argentinos participar en la vida política (para lo cual no es condición excluyente militar dentro de partidos sino interesarse por la "Res publica", la "cosa pública") para alcanzar una democracia sin el menor signo de fraude (no nos olvidemos del caso de Córdoba y del faltante de boletas en las elecciones presidenciales) donde los dirigentes cumplan con sus compromisos con el pueblo, que los eligió dentro del marco de partidos con el objeto de alcanzar el bienestar de cada uno de los habitantes de este país, antes de caer en intereses egoístas.
Patricio Iglesias