domingo, 23 de octubre de 2011

Tropiezo no es caída

Todos hablan de la diferencia entre los candidatos que obtuvieron el primer y el segundo lugar en estas elecciones, número que podría llegar a ser marca histórica. Pero pocos reparan en un hecho más cualitativo, en el que sin dudas este gobierno sentó precedente. Me refiero a su capacidad de superar una dura derrota legislativa, un fin que parecía inminente, trampa de la que ningún otro gobierno había podido escapar.
Aunque podrían encontrarse ejemplos poco nítidos, de democracia limitada, como en los casos de Illia y Frondizi, que perdieron elecciones a gobernadores y legislativas y fueron derrocados, es innegable la tendencia a partir de 1983. En 1987 el radicalismo perdió las elecciones legislativas (y, además, la mayoría de las gobernaciones) y, en 1989, Menem ganó claramente las presidenciales. El PJ, luego, gozó de un período de "prosperidad electoral" hasta 1997, año en el que la Alianza ganó las legislativas como antesala de la victoria de De La Rúa en 1999. En 2001 la Alianza perdió las elecciones a diputados y senadores y... bueno, no perdió más elecciones porque cayó el gobierno en menos de dos meses.
Tropiezo no es caída, y lo supo muy bien la actual gestión. Sin dudas contaron con una ventaja respecto a los casos antedichos (la oposición en 2009 estaba claramente fragmentada y en los años anteriores no) y trabajaron sin prisa pero sin pausa recuperando su imagen y, al margen del contexto internacional, que sin dudas fue benevolente, su habilidad política está fuera de discusión.
No sé hoy cuáles serán los aportes del FPV al país, pero sin dudas gracias al kirchnerismo hoy la política argentina es como el fútbol y no como el tenis: no importa por cuánto se vaya perdiendo, todo puede cambiar un minuto antes del final.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Que los lápices SUBAN

Estoy convencido que el rescate de la Memoria debe significar no sólo rendir homenaje a quienes dejaron su vida por un país mejor, sino también un aliciente para continuar construyendo una Argentina nueva. Sin marginación. Sin censura. Y, por supuesto, con la educación como uno de sus ejes.



En ese sentido, la Noche de los Lápices no puede quedar solamente en un libro, una película o un acto escolar. Debe ser motivo para que se continúen las reivindicaciones y, al mismo tiempo, se actualicen a los tiempos que corren.

Hoy es mucho más fácil que hace 35 años determinar qué pasajero puede recibir un subsidio y quién no, lo que más técnicamente se llama focalizar una transferencia. La tarjeta SUBE (Sistema Único de Boleto Electrónico), tal como lo han comentado sus organizadores, permitiría a futuro proteger a personas de bajos ingresos de eventuales cambios en los boletos como, por ejemplo, en el caso de los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo. Excelente idea, por cierto, y muy progresiva; es decir, ayudaría a reducir la distancia entre ricos y pobres.

Me pregunto, ¿Y si también se emplea para, al menos, proteger de los aumentos a los estudiantes universitarios, que hoy, en Buenos Aires, no cuentan con viáticos diferenciales? ¿Y si se emplea para reducir o, incluso, eliminar el pago de estudiantes terciarios, medios y primarios?

Los mártires de La Plata ya han subido a lo más alto de la cultura argentina. Que los lápices, con la tarjeta SUBE, también SUBAN.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

¡Parca lo hizo!

Según los resultados del último censo, el analfabetismo se habría reducido de un 2.6% a un 1.9%. Sin dudas es un hecho a celebrar pero… ¿Es atribuible, al menos enteramente, a las medidas tomadas por la actual gestión?






Nunca he dejado de reconocer el impulso dado a la investigación con el Ministerio de Ciencia y Tecnología que, por cierto, denota cierto progreso desde los tiempos en que los científicos tenían que irse “a lavar los platos”, ni las consecuencias educativas de la Asignación Universal por Hijo, que sin dudas está conduciendo al país a la erradicación de la deserción escolar, ni tampoco dejo de felicitar la sanción de la Ley de Financiamiento Educativo, que se planteó metas concretas que llegó a superar en el mediano plazo. Sin embargo, soy incapaz de hallar grandes méritos de este gobierno en la reducción del analfabetismo.


Desde que Sarmiento organizó el primer censo nacional, en 1869, el analfabetismo no ha dejado nunca de caer. Es simple: a medida que pasó el tiempo, más chicos fueron a la escuela y las personas mayores que no habían tenido, tiempo atrás, esa oportunidad fueron falleciendo, por lo que el analfabetismo, por decirlo así, murió con cada anciano analfabeto que dejó este mundo. Este texto sobre el censo de 2001 lo muestra muy bien. A medida que se observan edades mayores el analfabetismo es más alto; ergo, después de una década, habrá fallecido la mayor parte de esa generación en la que abundaban los analfabetos y será reemplazada por una nueva generación donde los iletrados serán una minoría muy reducida.


¿Hubo acciones concretas y agresivas durante los últimos 20 años en pos de eliminar el analfabetismo de la faz de Argentina? Al margen de la extensión de la educación para adultos y algunos programas de mediana difusión, con importantes méritos dentro del sistema penitenciario las desconozco. Pero sí existieron durante la década de 1980. El gobierno de Raúl Alfonsín, a pesar de encontrarse en la peor coyuntura económica, tuvo la decisión de lanzar el Plan Nacional de Alfabetización, que redujo ostensiblemente el analfabetismo en la población adulta y logró, conjuntamente por supuesto con la renovación demográfica, una caída del analfabetismo desde un 6.1% en 1980 a un 3.7% en 1991*; es decir, más de un 36%.


Quien considere exitosas las medidas educativas del último gobierno sin más que invocar la reducción del analfabetismo está obligado a alabar el régimen de los gobiernos de Menem y De La Rúa. Sí. El analfabetismo cayó, entre 1991 y 2001, un 29.5%, aún más que entre 2001 y 2011*, cuando descendió un 28.69%. ¿Qué? ¿Menem lo hizo? ¿De La Rúa lo hizo? ¿Kirchner lo hizo? ¿O no será que… Parca lo hizo?


* Los censos, según convenciones internacionales, deben efectuarse en los años terminados en 0. En Argentina, por problemas financieros el censo de 1990 se pasó a 1991 y, el de 2000, a 2001. Afortunadamente ya se volvió a la regularidad y el censo de 2010 se efectuó en el año que correspondía. Esto trajo problemas de comparación en este ensayo, que se sortearon con extrapolaciones e interpolaciones siguiendo progresiones geométricas. Cualquier duda no dejen de contactarme al respecto.

lunes, 23 de mayo de 2011

Necrología de Carlos Ramón Iglesias Girieud

Publico el obituario que, este sábado 23 de mayo, escribí a pocas horas del fallecimiento de mi abuelo materno Carlos Ramón Iglesias Girieud. Lo leí en San Martín (Mendoza) a la mañana del día siguiente, antes del cierre de su ataúd. Lo titulé "Vive".


Si dicen que vivimos por siempre en aquello que dejamos, ¿En qué vive Carlos Ramón Iglesias Girieud?

Vive en las cientas de casas que, como maestro mayor de obras, planificó a lo largo de más de 40 años.

Vive en las conexiones hídricas de Palmira y en tantas otras obras con las que ayudó a miles de personas.

Vive en cada plano municipal, en cada número del catastro de San Martín, ese que en los años ’50 le encargaron diseñar.

Vive en sus descendientes, en sus familiares, en sus amigos, a los que siempre ayudó sin intereses. Bueno, sí, con un interés: el de la satisfacción que dan la solidaridad y el cumplimiento de las responsabilidades.

Vive en la memoria de su esposa, otra trabajadora, otra alma eterna que no se dejó anonadar por las dificultades y que, como él, llevó el pan a la casa desde los 13 años.

Vive en el que, tal vez, haya sido su mayor logro. No el de ser tesorero municipal durante 20 años. Su logro fue otro. No fue un sello con un cargo ni un escritorio. Fue decir que no, durante dos décadas, a comprarse un nuevo auto u otra casa con dinero que era de todo San Martín. Fue decir que sí a que los chicos pudieran ir a la escuela, a que los ancianos tuvieran un hospital, a que las familias consiguieran hipotecas, a que las calles se mantuvieran limpias, a que las acequias estuvieran en condiciones. Cumpliendo aquello que debería ser lo ordinario: que el administrador no se crea dueño, que el funcionario público no piense que es un señor feudal al que le pertenece lo que es de todos.

Usando siempre la misma boina, vistiendo siempre el mismo pantalón. Así pasó sus últimos días. Pueden dar fe todos los que lo conocieron. Es claro dónde vivirá con más intensidad, y cuándo. Vivirá en cada oficina donde las cuentas sean claras, donde las sumas no resten y las restas no sumen. Y, seguramente, vivirá en aquel momento en el que la política, que tanto seguía y de la que tanto opinaba, sea el imperio de los que, más allá de las diferencias, estén convencidos de que lo indigno no es vivir 50 años en la misma casa ni tener guardados los mismos zapatos, sino darse lujos a costa de las necesidades de los demás.

Vive. Y vivirá, como tantos otros que compartieron muchos de sus valores, si es que aceptamos el desafío de vivir con dignidad y no de sobrevivir llenos de superficialidades que ni nos pertenecen ni nos llevan a la felicidad.

Imagen: http://www.treehugger.com/chestnut-tree-old-lyme-connecticut.jpg

lunes, 4 de abril de 2011

Me equivocaba




Julio López, Carlos Fuentealba y, más recientemente, Mariano Ferreyra supusieron un cambio en mis percepciones sobre la vigencia de la libertad de expresión en Argentina. Hasta entonces veía a los tiempos en los que podía costar caro manifestar las ideas propias como épocas sepultadas con el retorno de la democracia. Me equivocaba.

Me equivocaba, y mucho. Porque hasta hoy puede tener consecuencias trágicas animarse a declarar en un juicio donde intereses ocultos sean tocados. Porque hasta hoy puede ser que, como en aquellas épocas, una manifestación pacífica sea agredida con violencia por la policía. O, en triste analogía con los sindicalistas entregadores del Proceso, que el papel del verdugo sea desempeñado por grupos de coacción organizados por turbias dirigencias gremiales.

Puede costar caro animarse a hablar, pero no puede costar la vida. Todos ellos y muchos otros cuyos nombres tal vez nunca trasciendan viven en cada persona que, conociendo los riesgos de expresarse, se animan. Se animan a la albañilería de las palabras, como Julio; a la química del compromiso, como Carlos; al estudio de un mundo mejor, como Mariano.

sábado, 2 de abril de 2011

Malvinas y Vancouver y Quadra



Uno de los confines del Imperio español fue una isla de la costa oeste de Canadá. Pocos recuerdan su nombre completo: Vancouver... y Quadra. Sí: Vancouver y Quadra.

A fines del siglo XVIII el imperio español marca una clara presencia en el oeste de América del Norte, lo cual lo enfrentaba, lógicamente, con Gran Bretaña. Luego de una serie de disputas, se llegó en las convenciones de Nutca (1790, 1793 y 1794) al acuerdo de que la manzana de la discordia sería llamada Isla de Vancouver y Quadra (en homenaje al representante inglés, George Vancouver; y al español, Juan Francisco de la Bodega y Quadra) y que, aplicando por principio para la posesión de las islas la pertenencia de las costas adyacentes, pasaría a control de Gran Bretaña.

Ciertas autoridades británicas olvidaron, según parece, rápidamente el nombre completo de la isla y, además, también el tratado. Costas adyacentes españolas, islas españolas; costas adyacentes británicas, islas británicas. ¿Será que hay geografía de vanguardia que desconozco, o las Islas Malvinas están más cerca de las costas británicas que de las españolas (hoy argentinas)?

Hoy, a 29 años de aquella fecha tan difícil, y en medio de tantos discursos que nos animan a continuar el reclamo soberano por la vía de la paz, y junto siempre con el respeto hacia quienes sufrieron las consecuencias de la guerra, tenemos que hacer uso de la fuerza de la razón y conocer la jurisprudencia internacional que avala lo que los argentinos sentimos más allá de los manuales de derecho, los libros de historia o los trabajos de geografía: ¡LAS MALVINAS, ARGENTINAS, CLAMA EL VIENTO Y RUGE EL MAR!


miércoles, 23 de marzo de 2011

Memoria y Futuro

Hoy se conmemora otro aniversario más de uno de los períodos más grises del país. Por fortuna, en Argentina los juicios contra los responsables de aquel genocidio avanzan; aunque sin dudas no a la velocidad que muchos quisiéramos. Este triunfo de la memoria en nuestro país, que excede divisiones partidarias y lo estrictamente judicial, no debe sumirnos en la soberbia sino que, por el contrario, tiene que ser un impulso para luchar por la construcción de la memoria en el resto de América.


Recientemente, en su visita a Chile, Obama declaró que Estados Unidos colaboraría en las investigaciones judiciales relacionadas con víctimas de la dictadura de Pinochet, y Piñera dejó en claro que va a apoyar los procesos, ejemplificando con el caso de Frei. Sin dudas es muy alentador escuchar esto, y no puedo menos que felicitarlos por su determinación en un aspecto tan delicado. Sin embargo, enfatizaron en que el lugar central lo ocupa el futuro y no el pasado...

Por supuesto que hay que mirar hacia adelante y superar los antiguos conflictos, pero ello no debe ir nunca en desmedro de la historia, de la revisión, del pasado; en fin, de aquello que llamamos memoria. La memoria que construimos día a día. La memoria que leemos y releemos. La memoria que meditamos y recordamos. En definitiva, la memoria que, con sus contradicciones, amamos.


Más que competir con el futuro, la memoria debe ser la base para construirlo.