lunes, 30 de julio de 2012

¿Para qué subir los boletos?


El gobierno ha anunciado que se van a presenciar subas escalonadas y segmentadas en las tarifas del transporte público del GBA para todos los usuarios, incluidos los que empleen la tarjeta SUBE. La medida apunta, por lo que se podría llegar a entender de las declaraciones de los distintos funcionarios, a proteger a los sectores más vulnerables y a sanear las cuentas del Estado. Si uno toma esos objetivos, ¿Se logran con un aumento de las tarifas del transporte público? Sería interesante razonar sobre las consecuencias que va a traer aparejadas esta medida.


Lo que infiero (y espero equivocarme) es que va a protegerse de los aumentos a los beneficiarios de la AUH (lo cual es, desde mi punto de vista, acertado), pero que el resto de la población, que incluye a numerosos trabajadores, estudiantes y pensionados de bajos recursos, va a ver corroídos sus ingresos de un mes para el otro. Sería más razonable, si se busca una distribución equitativa de los ingresos, mantener los subsidios al transporte a niveles altos y financiarlos con impuestos a los sectores de más ingresos.



Pero si la medida intenta simplemente mejorar las cuentas fiscales podría ser acertada. Una vez dentro del tesoro los billetes son todos iguales, y si ese es el objetivo y las vías son consideradas secundarias la medida sería, bajo este criterio, lógica. Pero, de nuevo, este razonamiento hace agua. ¿Cuál es el peligro de subir las tarifas del transporte público? Que muchos usuarios, al ver que el costo entre ir en colectivo o en auto se acorta (en algunos casos, en especial para vehículos con GNC y trayectos cortos, podría hasta volverse más caro viajar en colectivo), comiencen a emplear más sus vehículos o intenten adquirir algunos. Esto podrá beneficiar a la industria automotriz, pero va a agravar uno de los principales problemas del país: el déficit energético. Más autos en las calles van a significar más saturaciones de tráfico, más caos, más contaminación y, como se consumirá más combustible, van a aumentar las importaciones, con la consiguiente pérdida de divisas y la pérdida de recursos del fisco. Y no sólo por el comercio externo: también, a través de los daños colaterales que dejará sobre la salud de los argentinos la contaminación, que en este caso no es sólo atmosférica, sino también acústica. Además, al empequeñecerse el poder adquisitivo de los sectores más vulnerables puede caer la compra de bienes de consumo masivo, con su consiguiente perjuicio sobre la producción y, por lo tanto, sobre la recaudación. Y ni hablemos del deterioro que van a sufrir los caminos. La típica metáfora del perro que intenta morderse la cola se aplica a la perfección en este caso.

Si se busca proteger a los sectores más vulnerables, la medida no es útil. Y si se busca que los “números rojos” desaparezcan, tampoco. Sería interesante que se debata en serio una transformación del transporte público argentino, donde importen no sólo el precio de las tarifas, sino, sobre todo, las inversiones que se necesitan para que millones de trabajadores, pensionados y estudiantes puedan llegar con seguridad, rapidez y comodidad as sus hogares.

miércoles, 13 de junio de 2012

Un problema y dos reflexiones


Esta imagen, de dos semanas atrás, se volvió una postal típica en los últimos meses para Boulogne y otras localidades del Gran Buenos Aires cada vez que se realiza un corte en el Camino del Buen Ayre. Un solo problema, pero que me suscita dos reflexiones.

Por un lado, cortar el Camino del Buen Ayre, que une las zona Norte y Oeste del Gran Buenos Aires se ha vuelto, evidentemente, una medida muy efectiva para hacer oír reclamos sectoriales. Antes estábamos habituados a escuchar por televisión que en la 9 de Julio o la Avenida de Mayo se había producido un piquete, pero últimamente se fueron instalando también en la General Paz y, ahora, en pleno conurbano. Y nótese que no se trata de una arteria radial como la Panamericana o el Acceso Oeste, sino de un cordón transversal; es decir, de aquellos que unen a las distintas zonas del conurbano entre sí.

Buenos Aires está cambiando. Las antiguas localidades satelitales no son más meras "ciudades-dormitorio", sino que también se están volviendo puntos de mayor relevancia en cuanto a sus propuestas laborales y educativas. Diez años atrás, en tiempos del surgimiento de los piquetes, no habría sido un trastorno tan grave un corte en el Buen Ayre y por eso la mayoría era en Capital; hoy no es nada trivial cortar esa vía.

Ya sería hora de ir pensando en concretar esos viejos proyectos de enlace ferroviario para acercar a Haedo al Río de la Plata, que tuvieron tenues antecedentes como el tranvía San Isidro-Santa Rita y diversos planes más o menos formales que nunca se concretaron. Para ello, obviamente, se deben emplear con mucha inteligencia y premeditación terrenos fiscales y expropiaciones, hecho que no es nada trivial en tiempos en los que, con el último anuncio del plan de viviendas, no queda en claro qué destino se va a dar a ciertas tierras del Estado Nacional que, según diversas fuentes, podrían quedar en manos de sectores de altos ingresos. Puede parecer un sueño distante pensar en nuevos ramales cuando la mayor parte de la red ferroviaria sigue traccionada a Diesel, y en efecto creo que lo es, pero son ideas que, espero, algún día se concreten para bien de la integración de la ciudad.

Por el otro, en una meditación más profunda, me pregunto por el origen de los piquetes. ¿Qué llevó a que sea una forma tan extendida de reclamo? A diferencia de los apologistas de la "mano dura", rechazo la idea de que el uso de la violencia sea la solución. No sólo porque se estarían cargando las tintas contra trabajadores, exponiéndonos a lamentar pérdidas humanas, sino porque veo al corte como el síntoma de un problema más grave.

¿Por qué el empleado de una empresa que ha sido despedido sale a cortar una autopista? Sencillamente porque descree, y con bastante razón, de la eficacia de los canales formales. Si inicia un juicio, en lugar de encontrar una respuesta rápida se va a ver en medio de un laberinto cuya salida tal vez sólo vea en lustros, pero si organiza un piquete va a tener cobertura televisiva y la empresa le dará una pronta solución.

Los piquetes no van a solucionarse con represión, confundiendo el efecto del problema con la causa. Sólo después de décadas de crecimiento con equidad, invirtiendo en educación, salud, transportes y en un sistema judicial sólido es que podremos ir tranquilos a tomar un colectivo sin la necesidad de averiguar antes de salir de nuestras casas qué autopista está cortada.

sábado, 24 de marzo de 2012

La Memoria ha sido mutilada


La Memoria, aparte de inspirar adhesiones, discursos y otros gestos sin dudas muy valiosos, debe llegar a puntos concretos. Sin un decidido accionar a favor de preservar los testimonios físicos e inmateriales de los tiempos del Terror se extinguirá como un fuego al que le faltan aire y leña.

Y, en ese sentido, los sanisidrenses tenemos un largo camino por recorrer. Es cierto que tenemos mucha gente comprometida con preservar la Memoria en nuestro distrito, pero a la hora de conservar los vestigios materiales de los crímenes de lesa humanidad hemos dado estos años un terrible paso en falso. Los terrenos ubicados en Villa Adelina sobre Thames y Panamericana, donde el Servicio de Inteligencia Naval montó un centro clandestino de detención, han sido vendidos para que una empresa privada edifique un proyecto inmobiliario, en flagrante violación de la ley provincial 13.584 que protege los espacios que hayan sido escenario de violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura.

No es sólo responsabilidad del intendente, de sus funcionarios o de muchos de los concejales opositores, sino también de gran parte del municipio, que por pereza o desinterés ha preferido guardar silencio. La pérdida de los testimonios físicos, ya removidos los subsuelos, es irreparable. La Memoria ha sido mutilada.

martes, 25 de octubre de 2011

La Primavera de la Zona Norte

La renovación llega, tarde o temprano, a medida que los pueblos maduran por la senda de la democracia y la renovación. Como todos sabemos por las noticias, eso es lo que está ocurriendo, con diferentes matices, en Egipto, Libia, Túnez y otros países de Medio Oriente.

Sin embargo, de este lado del Atlántico también acaban de soplar vientos de aire fresco. En tres partidos de la zona norte del Gran Buenos Aires cayeron intendentes que llevaban 24, 16 y 12 años en el poder. Más allá de la idoneidad de los dirigentes vencedores, puesta en duda a lo largo de las campañas (en especial en el caso de Vicente López) está fuera de discusión que estos municipios dieron un paso más en sentido a uno de los dogmas fundamentales de la democracia: la rotación de los funcionarios públicos, en especial los de carácter ejecutivo.

Analogías con lo ocurrido en los pueblos árabes no faltan. Incluso, el caso de cada municipio puede ser asociado al de un país.

Vicente López presenta una clara similitud con Túnez. Por empezar, Ben Alí comenzó su gobierno, al igual que el Japonés García, en 1987, con sólo 33 días de diferencia. Fueron los primeros en caer. Año a año, el Japonés sacaba menos votos y Túnez se veía, por su posición mediterránea, muy expuesto a la influencia de las nuevas ideas. No fue de extrañar que el primero en perder fuera García y que el primer dictador en ser desplazado fuese Ben Alí.

San Martín, por su parte, puede ser asociado a Egipto. Al igual que Vicente López su política era muy compleja: eran liderados por intendentes radicales devenidos en kirchneristas (el caso de Ivoskus incluyó un período en el que tanto el FPV como el ARI lo apoyaron); es decir, había todo un entramado de alianzas comparable con lo que ocurría en el país de las pirámides. Pero, sin dudas, el mayor punto de coincidencia es que uno de los principales factores que llevaron al fin de sus gobiernos fue que tanto Mubarak como Ivoskus intentaron legar el poder a sus hijos.

Por último, San Fernando podría vincularse con Libia. Era, sin dudas, un municipio convencional del conurbano en medio de partidos con historias bastante particulares. Amieiro respondía al modelo de intendente de las zonas oeste y sur: un hombre del PJ que había compartido boleta con Menem, Duhalde y los Kirchner. Un caso atípico por lo típico, con el gobierno más monolítico de la zona, al igual que Libia, que no había vivido como los países anteriores procesos de apertura y negociaciones constantes. Y, en ambos casos, el fin fue imposible sin el apoyo externo que, como se sabe, vino en un caso de la OTAN y, en el otro, del intendente de Tigre. Y, por si fuera poco, así como ex amieiristas encabezaron la oposición, también hoy está ocurriendo que antiguos líderes cercanos a Kadafi están hoy entre los “rebeldes”.

Después de la euforia siempre vuelve la quietud. Pero el cambio está en marcha. Sea en el conurbano como en Medio Oriente, ya ningún dirigente puede creer que es dueño y no administrador. Que puede morir sentado en el sillón del poder. Que los pueblos no tienen memoria. Que, en definitiva, el invierno puede prolongarse indefinidamente. No. Siempre llega la primavera. La Primavera de los Pueblos Árabes. La Primavera de la Zona Norte.

domingo, 23 de octubre de 2011

Tropiezo no es caída

Todos hablan de la diferencia entre los candidatos que obtuvieron el primer y el segundo lugar en estas elecciones, número que podría llegar a ser marca histórica. Pero pocos reparan en un hecho más cualitativo, en el que sin dudas este gobierno sentó precedente. Me refiero a su capacidad de superar una dura derrota legislativa, un fin que parecía inminente, trampa de la que ningún otro gobierno había podido escapar.
Aunque podrían encontrarse ejemplos poco nítidos, de democracia limitada, como en los casos de Illia y Frondizi, que perdieron elecciones a gobernadores y legislativas y fueron derrocados, es innegable la tendencia a partir de 1983. En 1987 el radicalismo perdió las elecciones legislativas (y, además, la mayoría de las gobernaciones) y, en 1989, Menem ganó claramente las presidenciales. El PJ, luego, gozó de un período de "prosperidad electoral" hasta 1997, año en el que la Alianza ganó las legislativas como antesala de la victoria de De La Rúa en 1999. En 2001 la Alianza perdió las elecciones a diputados y senadores y... bueno, no perdió más elecciones porque cayó el gobierno en menos de dos meses.
Tropiezo no es caída, y lo supo muy bien la actual gestión. Sin dudas contaron con una ventaja respecto a los casos antedichos (la oposición en 2009 estaba claramente fragmentada y en los años anteriores no) y trabajaron sin prisa pero sin pausa recuperando su imagen y, al margen del contexto internacional, que sin dudas fue benevolente, su habilidad política está fuera de discusión.
No sé hoy cuáles serán los aportes del FPV al país, pero sin dudas gracias al kirchnerismo hoy la política argentina es como el fútbol y no como el tenis: no importa por cuánto se vaya perdiendo, todo puede cambiar un minuto antes del final.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Que los lápices SUBAN

Estoy convencido que el rescate de la Memoria debe significar no sólo rendir homenaje a quienes dejaron su vida por un país mejor, sino también un aliciente para continuar construyendo una Argentina nueva. Sin marginación. Sin censura. Y, por supuesto, con la educación como uno de sus ejes.



En ese sentido, la Noche de los Lápices no puede quedar solamente en un libro, una película o un acto escolar. Debe ser motivo para que se continúen las reivindicaciones y, al mismo tiempo, se actualicen a los tiempos que corren.

Hoy es mucho más fácil que hace 35 años determinar qué pasajero puede recibir un subsidio y quién no, lo que más técnicamente se llama focalizar una transferencia. La tarjeta SUBE (Sistema Único de Boleto Electrónico), tal como lo han comentado sus organizadores, permitiría a futuro proteger a personas de bajos ingresos de eventuales cambios en los boletos como, por ejemplo, en el caso de los beneficiarios de la Asignación Universal por Hijo. Excelente idea, por cierto, y muy progresiva; es decir, ayudaría a reducir la distancia entre ricos y pobres.

Me pregunto, ¿Y si también se emplea para, al menos, proteger de los aumentos a los estudiantes universitarios, que hoy, en Buenos Aires, no cuentan con viáticos diferenciales? ¿Y si se emplea para reducir o, incluso, eliminar el pago de estudiantes terciarios, medios y primarios?

Los mártires de La Plata ya han subido a lo más alto de la cultura argentina. Que los lápices, con la tarjeta SUBE, también SUBAN.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

¡Parca lo hizo!

Según los resultados del último censo, el analfabetismo se habría reducido de un 2.6% a un 1.9%. Sin dudas es un hecho a celebrar pero… ¿Es atribuible, al menos enteramente, a las medidas tomadas por la actual gestión?






Nunca he dejado de reconocer el impulso dado a la investigación con el Ministerio de Ciencia y Tecnología que, por cierto, denota cierto progreso desde los tiempos en que los científicos tenían que irse “a lavar los platos”, ni las consecuencias educativas de la Asignación Universal por Hijo, que sin dudas está conduciendo al país a la erradicación de la deserción escolar, ni tampoco dejo de felicitar la sanción de la Ley de Financiamiento Educativo, que se planteó metas concretas que llegó a superar en el mediano plazo. Sin embargo, soy incapaz de hallar grandes méritos de este gobierno en la reducción del analfabetismo.


Desde que Sarmiento organizó el primer censo nacional, en 1869, el analfabetismo no ha dejado nunca de caer. Es simple: a medida que pasó el tiempo, más chicos fueron a la escuela y las personas mayores que no habían tenido, tiempo atrás, esa oportunidad fueron falleciendo, por lo que el analfabetismo, por decirlo así, murió con cada anciano analfabeto que dejó este mundo. Este texto sobre el censo de 2001 lo muestra muy bien. A medida que se observan edades mayores el analfabetismo es más alto; ergo, después de una década, habrá fallecido la mayor parte de esa generación en la que abundaban los analfabetos y será reemplazada por una nueva generación donde los iletrados serán una minoría muy reducida.


¿Hubo acciones concretas y agresivas durante los últimos 20 años en pos de eliminar el analfabetismo de la faz de Argentina? Al margen de la extensión de la educación para adultos y algunos programas de mediana difusión, con importantes méritos dentro del sistema penitenciario las desconozco. Pero sí existieron durante la década de 1980. El gobierno de Raúl Alfonsín, a pesar de encontrarse en la peor coyuntura económica, tuvo la decisión de lanzar el Plan Nacional de Alfabetización, que redujo ostensiblemente el analfabetismo en la población adulta y logró, conjuntamente por supuesto con la renovación demográfica, una caída del analfabetismo desde un 6.1% en 1980 a un 3.7% en 1991*; es decir, más de un 36%.


Quien considere exitosas las medidas educativas del último gobierno sin más que invocar la reducción del analfabetismo está obligado a alabar el régimen de los gobiernos de Menem y De La Rúa. Sí. El analfabetismo cayó, entre 1991 y 2001, un 29.5%, aún más que entre 2001 y 2011*, cuando descendió un 28.69%. ¿Qué? ¿Menem lo hizo? ¿De La Rúa lo hizo? ¿Kirchner lo hizo? ¿O no será que… Parca lo hizo?


* Los censos, según convenciones internacionales, deben efectuarse en los años terminados en 0. En Argentina, por problemas financieros el censo de 1990 se pasó a 1991 y, el de 2000, a 2001. Afortunadamente ya se volvió a la regularidad y el censo de 2010 se efectuó en el año que correspondía. Esto trajo problemas de comparación en este ensayo, que se sortearon con extrapolaciones e interpolaciones siguiendo progresiones geométricas. Cualquier duda no dejen de contactarme al respecto.