La democracia argentina va alcanzando su madurez. Ya van 25 años sin golpes militares, problema del medio siglo anterior si lo había. Está de más decir que, a pesar de la restauación de las formas, aún falta una materialización en la mejora de las condiciones de vida de los más humildes.
Más allá de todos los problemas que se presenten (la antes aludida pobreza, la corrupción, la educación, la inseguridad, la falta de partidos sólidos) no puede negarse que la democracia es el mejor sistema de gobierno y que, a pesar de todas estas dificultades, sólo con más democracia Argentina podrá superar sus limitaciones.
jueves, 11 de diciembre de 2008
martes, 28 de octubre de 2008
Carta a la Juventud Filipina
La siguiente epístola fue publicada en la edición de octubre del corriente de la trimestral Revista Filipina, dirigida por Edmundo Farolán, miembro de la Academia Filipina de la Lengua (dependiente de la Real Academia Española), siéndome un honor participar en esta publicación.
Carta a la Juventud Filipina
Mis estimados hermanos filipinos, en especial los jóvenes:
El Océano Atlántico, en lugar de separar al Viejo y al Nuevo Mundo, los une. Más allá de innúmeros errores y excesos pretéritos, el vínculo entre ambas comunidades es inquebrantable. Las noticias, que parecen no conocer fronteras, viajan de un pueblo al otro con la misma velocidad que los textos se envían a través de las últimas tecnologías digitales. Las personas, sean académicas o legas; migrantes o simples turistas; parecen ir y venir con la misma velocidad que los aviones terminan de despegar de un país y logran aterrizar en otro. Bienes de toda clase, incluso vinculados con la cultura, cruzan las aguas con la misma velocidad que los últimos transatlánticos unen los puertos más distantes.
El Océano Pacífico, en cambio, parece no conocer de estos adelantos. Valga como ejemplo la frialdad de las relaciones entre Filipinas y los demás miembros de la antigua Capitanía General homónima e Hispanoamérica. Son pocas las veces que llegan novedades, y casi siempre relacionadas con fenómenos meteorológicos. En cuanto a personas, nunca he visto a un filipino. Si llegan productos, son de multinacionales.
¿Qué es lo que ha ocurrido? ¿Acaso no hay elementos comunes? Las danzas y la literatura lo desmienten. ¿Fue intrascendente la herencia hispánica en Filipinas? Los símbolos nacionales de la Primera República, la acción de la Iglesia Católica y los numerosos hispanismos en los idiomas vernáculos lo refutan.
No es mi objeto analizar las razones del retroceso del español en Filipinas; la extensión de la materia y su complejidad lo vuelven difícil para la brevedad de esta epístola y los limitados conocimientos de que dispongo. En calidad de autocrítica, me inclino a sostener que una parte de la culpa debe de haber sido de Hispanoamérica, con su grave omisión. Pero, como ya dije, mi intención es otra. Es invitarles a redescubrir nuestro legado común, desde la lengua hasta la religión y de la música a la gastronomía. Me dirijo en particular a los jóvenes, de quienes dependerá esta decisión crucial. O mantener el statu quo, considerando que nada debe modificarse o, por el contrario, fortalecer los lazos con los hermanos americanos.
Mi mayor saludo desde Argentina a todos ustedes, que hago extensivo a los demás pueblos de la antigua Capitanía General, y el más grande de los respetos por la vía que tomen.
Con profundo afecto,
Patricio Agustín Iglesias
Carta a la Juventud Filipina
Mis estimados hermanos filipinos, en especial los jóvenes:
El Océano Atlántico, en lugar de separar al Viejo y al Nuevo Mundo, los une. Más allá de innúmeros errores y excesos pretéritos, el vínculo entre ambas comunidades es inquebrantable. Las noticias, que parecen no conocer fronteras, viajan de un pueblo al otro con la misma velocidad que los textos se envían a través de las últimas tecnologías digitales. Las personas, sean académicas o legas; migrantes o simples turistas; parecen ir y venir con la misma velocidad que los aviones terminan de despegar de un país y logran aterrizar en otro. Bienes de toda clase, incluso vinculados con la cultura, cruzan las aguas con la misma velocidad que los últimos transatlánticos unen los puertos más distantes.
El Océano Pacífico, en cambio, parece no conocer de estos adelantos. Valga como ejemplo la frialdad de las relaciones entre Filipinas y los demás miembros de la antigua Capitanía General homónima e Hispanoamérica. Son pocas las veces que llegan novedades, y casi siempre relacionadas con fenómenos meteorológicos. En cuanto a personas, nunca he visto a un filipino. Si llegan productos, son de multinacionales.
¿Qué es lo que ha ocurrido? ¿Acaso no hay elementos comunes? Las danzas y la literatura lo desmienten. ¿Fue intrascendente la herencia hispánica en Filipinas? Los símbolos nacionales de la Primera República, la acción de la Iglesia Católica y los numerosos hispanismos en los idiomas vernáculos lo refutan.
No es mi objeto analizar las razones del retroceso del español en Filipinas; la extensión de la materia y su complejidad lo vuelven difícil para la brevedad de esta epístola y los limitados conocimientos de que dispongo. En calidad de autocrítica, me inclino a sostener que una parte de la culpa debe de haber sido de Hispanoamérica, con su grave omisión. Pero, como ya dije, mi intención es otra. Es invitarles a redescubrir nuestro legado común, desde la lengua hasta la religión y de la música a la gastronomía. Me dirijo en particular a los jóvenes, de quienes dependerá esta decisión crucial. O mantener el statu quo, considerando que nada debe modificarse o, por el contrario, fortalecer los lazos con los hermanos americanos.
Mi mayor saludo desde Argentina a todos ustedes, que hago extensivo a los demás pueblos de la antigua Capitanía General, y el más grande de los respetos por la vía que tomen.
Con profundo afecto,
Patricio Agustín Iglesias
jueves, 23 de octubre de 2008
Radiados e Inradiados
Pareciera que algunos dirigentes argentinos no tienen en cuenta estos avances en la historia natural. Quieren dividir a las facciones políticas (ya no tiene sentido hablar de partidos orgánicos) entre aquellos que defienden al oficialismo y los que están en su contra, sin percatarse de que muchos opositores, hasta hace unos meses, respaldaban al gobierno o de que sus posturas son incompatibles a la hora de formar un gabinete. Es más, me atrevería a decir que en realidad su "taxonomía política" apenas distinguiría entre radiados e inradiados, siendo sobremanera evidente que una cebra, aunque por fuera sea rayada, tiene más en común con un caballo que con una abeja y, encima, ni siquiera tienen un antepasado en común ajeno al resto, como por lo menos los vertebrados (siendo exquisitos, los cordados) lo tenían a través de (se supone) Pikaia. ¡Cuándo se observará a nuestros hermanos animales!
miércoles, 15 de octubre de 2008
Soluciones reales
La pobreza no tiene soluciones mágicas. No es cuestión sólo de entregar canastas alimenticias. No se reduce simplemente a otorgar planes sociales. No se traduce nada más que en mejorar condiciones habitativas. Todo ello, sin dudas, es necesario en situaciones extremas, pero no es la clave del asunto. Su aplicación prolongada resuelve problemas. Pero no los de los marginados, sino los de los dirigentes de turno que, así, crean un vínculo de dependencia con las comunidades excluídas. Para peor, generan una profunda animadversión de las clases trabajadoras, que pasan a ver como parásitos a los sectores desfallecientes y descargando contra ellos sus odios, en lugar de cuestionar la verdadera raíz de la problemática.
¿Dónde están, entonces, las soluciones reales? Sin dudas, una educación que permita un desarrollo no sólo laboral, fundamental ante las necesidades cotidianas, sino también ciudadano, para evitar las vergonzosas situaciones de control del electorado, y yendo aún a conceptos más amplios, humano, favoreciendo la inmersión en los contenidos. Sin dudas, un trabajo digno para todos los que lo necesiten, privilegiando la capacitación y el esfuerzo por sobre todo tipo de nepotismos.
¿Cómo se logrará? ¿Soñando entelequias sin siquiera compartirlas? Más bien, con una mayor participación política, no sólo a nivel partidario sino también pensando, en cada acto, en el bienestar de la polis local, nacional y global.
¿Dónde están, entonces, las soluciones reales? Sin dudas, una educación que permita un desarrollo no sólo laboral, fundamental ante las necesidades cotidianas, sino también ciudadano, para evitar las vergonzosas situaciones de control del electorado, y yendo aún a conceptos más amplios, humano, favoreciendo la inmersión en los contenidos. Sin dudas, un trabajo digno para todos los que lo necesiten, privilegiando la capacitación y el esfuerzo por sobre todo tipo de nepotismos.
¿Cómo se logrará? ¿Soñando entelequias sin siquiera compartirlas? Más bien, con una mayor participación política, no sólo a nivel partidario sino también pensando, en cada acto, en el bienestar de la polis local, nacional y global.
martes, 16 de septiembre de 2008
Pienso...
Esta es una de las fechas que no puedo ignorar porque con ella no sólo me conmuevo sino que, también, pienso. Pienso en las víctimas de la Noche de los Lápices y, junto con ellas, en los miles de jóvenes que desaparecieron durante el Proceso. Pienso en la represión que sufrió la generación anterior a la mía. Pienso en tantos años de impunidad. Pienso en los heroicos esfuerzos en pro de la verdad y la justicia. Pero sobre todo pienso en que, a pesar de tanta sangre derramada, no hemos aprendido que la juventud debe ser el desvelo de los argentinos y la educación su inversión más estimada.
miércoles, 9 de julio de 2008
¡Viva la Patria!
Hoy se cumplen 192 años de la independencia argentina, declarada en la provincia de Tucumán. Mucho queda por concretar para que el país sea en verdad independiente: políticas a largo plazo, integración con otros pueblos, transparencia, equidad, salud, educación y todos aquellos factores sin los cuales no puede progresarse.
Que el esfuerzo por construir una patria más justa, llevado adelante por millones de personas en el pasado, tanto nativas como extranjeras, no termine siendo vano por la inacción de quienes asumimos un rol en el presente, por más pequeño que parezca.
Que el esfuerzo por construir una patria más justa, llevado adelante por millones de personas en el pasado, tanto nativas como extranjeras, no termine siendo vano por la inacción de quienes asumimos un rol en el presente, por más pequeño que parezca.
sábado, 5 de julio de 2008
Quod natura dat Salmantica augmentat
Un famoso aforismo reza quod natura non dat Salmantica non praestat (lo que la naturaleza no da Salamanca lo no presta); es decir, que quien no nace con una determinada capacidad para un área determinada no podrá dominarla por mejor educación que reciba. Me considero un fervoroso opositor de esta idea. Por un lado, fomenta la inacción de quienes pueden llegar a encontrar dificultades en el estudio. Quien vea complicaciones va a resignarse y sentirse incapaz en una materia determinada, cuando es probable que estas se deban a una preparación insuficiente en años anteriores o a una falta de motivación y de capacidades didácticas en el docente. Por otro lado, promueve un determinismo biológico. ¿De qué manera puede la naturaleza dar o no determinada capacidad sino a través de la genética? Entonces, los hijos de padres "inteligentes" heredarán estos dones y los de los "insuficientes" no, lo cual puede llevar incluso a prácticas eugenésicas. Dicho sea de paso, en tiempos del nazismo se realizaron experimentos por los que se concebían, como criaturas de laboratorio, a niños surgidos de la unión de padres con cocientes intelectuales altos. Además, queda descartada toda influencia del entorno, que suele ser decisiva a la hora de frustrar o potenciar las capacidades congnositivas.
Por todas estas razones, y por muchas otras, me tomé la licencia de modificar esa frase utilizando mi limitado (¿Qué digo? ¡Limitadísimo!) latín. El hombre, de por sí, tiene una inclinación natural por el conocimiento que le resulta tan característica. Esta capacidad puede verse incrementada con una educación de calidad, tanto formal, informal o no formal. Por eso es que digo quod natura dat Salmantica augmentat (lo que la naturaleza da Salamanca aumenta) con la esperanza de que Salamanca nunca abandone a nadie sin importar su condición.
Por todas estas razones, y por muchas otras, me tomé la licencia de modificar esa frase utilizando mi limitado (¿Qué digo? ¡Limitadísimo!) latín. El hombre, de por sí, tiene una inclinación natural por el conocimiento que le resulta tan característica. Esta capacidad puede verse incrementada con una educación de calidad, tanto formal, informal o no formal. Por eso es que digo quod natura dat Salmantica augmentat (lo que la naturaleza da Salamanca aumenta) con la esperanza de que Salamanca nunca abandone a nadie sin importar su condición.
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