jueves, 27 de enero de 2011

¿Aspirina o Yeso?

Dicen que, en medio de un partido de fútbol, un delantero, cuando estaba acercándose al área, recibió la embestida de un defensor corpulento y fuerte. Tras una mala puntería, el golpe fue directo contra su pierna derecha. El resultado: doble fractura expuesta de tibia y peroné.

Los paramédicos llegaron deprisa y, tras darle los primeros auxilios y subirlo a la camilla, lo llevaron al hospital. Irrumpieron en la guardia y, a toda velocidad, lo llevaron al responsable del área de traumatología. El médico, que de casualidad estaba ahí porque, en verdad, se ocupaba más del golf que del cumplimiento del juramento hipocrático, sintió asco al ver al herida y se limitó a formular una pregunta: “¿Te duele la pierna?”. “Sí”, contestó, extrañado, el futbolista, ante la mirada asombrada de los paramédicos. “Muy bien – le contestó – entonces, para que se te pase el dolor, te voy a dar aspirinas. Ni te las tengo que recetar, no te olvidés que son de venta libre y cualquier otra vez que sintás molestias así no necesitás venir a verme. Soy una persona muy ocupada y no tengo tiempo para atender estas pequeñeces.

No es muy distinta la respuesta de los funcionarios y periodistas que piden a gritos la baja en la edad de inimputabilidad pero, al mismo tiempo, poco hablan o poco trabajan sobre las verdaderas causas de la inseguridad. ¿Acaso la mayoría de los menores que delinquen entran al mundo del hampa por una predisposición genética (“nacen ladrones”)? ¿No será, más bien, que no se les ofrecen posibilidades genuinas de estudiar y progresar? ¿Que se los estigmatiza por “villeros”? ¿Que no encuentran contención en sus familias? ¿Que los capturan los amos del narcotráfico y del delito organizado? ¿Que no poseen las mismas oportunidades que los jóvenes de clases media y alta?

El cuento no tiene final. Está en nosotros escribirlo. Lo más cómodo es, sin dudas, comprar una aspirina y no molestar más a los médicos. También, siendo un tanto más sutiles, podemos tapar las heridas con gasas. Algunos políticos insinúan que la solución consiste, también, en reforzar los sistemas judicial y policial. Por decirlo así, además de la aspirina hay que vendar la herida. Es difícil dudar de la importancia que tienen la justicia o la policía, pero... ¿Estamos acaso atacando las verdaderas causas? ¿Los jóvenes que entran al delito simplemente aprovechan vacíos legales? ¿Acaso no se dedicarían al estudio si tuvieran la posibilidad?

Si Argentina pretende superar la inseguridad no le queda más remedio que tratar las causas... y esperar. Es fácil decirlo, pero no hacerlo. Hay que salir del hospital, encender bien fuerte la sirena (con todas las molestias que pueda ocasionar), buscar nuevos médicos y, sobre todo, ser pacientes con el yeso y las constantes y regulares revisaciones médicas.

Aspirina o yeso: así de simple, y así de compleja, es la disyuntiva.

Imágenes:

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