jueves, 10 de diciembre de 2009

A una década de la asunción de De La Rúa



Hoy, 10 de diciembre, fecha más que destacada en la democracia argentina, se cumplen 26 años del comienzo de la presidencia de Raúl Alfonsín, 14 del inicio del segundo gobierno de Carlos Menem y 2 de la asunción de Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, el aniversario con un número más "redondo" se remonta a 1999, cuando el riojano depositaba la banda presidencial en el hombro de De La Rúa.
Me resulta inevitable recordar, no sin cariño, los tiempos en los que nací a la vida política argentina, en la segunda mitad de la década de 1990, con un presidente que se ganaba cada vez más antipatías y una luz de esperanza que brillaba en un hombre que prometía terminar con "la fiesta para unos pocos".
Más que respuestas a los interrogantes que me acuciaban entonces, persisten las preguntas, y tal vez más que en esos años. ¿Cómo pudo ser tan torpe De La Rúa? ¿Tan mal asesorado estaba? Y, sobre todo, aquella que me acuciaba en ese entonces, ¿Por qué convocó a Cavallo, que había trabajado con Menem? Hasta hoy sigo meditando cómo pudo cometer semejante decisión que le restó tanto apoyo popular.
Al menos, para no caer en el pesimismo extremo, vale la pena recordar que fue la primera vez en la historia argentina que un presidente entregó el mando a otro de un partido distinto en tiempo y forma sin mediar elecciones fraudulentas. Menudo avance a los ojos de un país con instituciones consolidadas, pero un paso nada desdeñable en una tierra que sufrió tanto para alcanzar la democracia.

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