sábado, 9 de mayo de 2009

Enrichissez-vous!

Max Weber, en su obra Estado y Sociedad, señalaba la plutocratización de las burocracias en las sociedades más avanzadas. A mayor jerarquía eran necesarios estudios más profundos y, para financiarlos, se requerían mayores recursos.
Hoy se observa el mismo fenómeno en el otro sector del Estado; es decir, en el de los políticos profesionales. Pero no porque la población les reclame mayores conocimientos, sino por los valores siderales de las campañas electorales. Al extinguirse como la llama de una vela los militantes por convicción, se necesitan fortunas para costear los servicios de mercenarios que distribuyan volantes o peguen afiches; y eso sin pensar en el diseño y la difusión de pautas a través de los grandes medios de comunicación. Y, como en las burocracias weberianas, a mayor cargo, mayores sumas.
Así, una persona capaz con una larga trayectoria puede ser derrotada en las urnas por otra menos competente, pero de copiosos fondos. O, peor aún, la primera puede que ni siquiera llegue a presentar su candidatura (por no hablar de precandidaturas, que pertenecen a otras épocas). No es un fenómeno exclusivo de ningún país en particular, sino una notoria tendencia en numerosos pueblos democráticos. Véanse los casos de millonarios sin gran experiencia pública previa en cargos legislativos y ejecutivos varios, hasta el punto de ocupar de las mayores magistraturas de distintos países de América o Europa.
“Enrichissez-vous!”, “¡Enriqueceos!”, respondía François Guizot a quienes, no cumpliendo con los requisitos timocráticos que suponía el sufragio censitario de los tiempos de Luis Felipe de Orléans, pedían participación política. Y es lo mismo que parece repetir el mundo contemporáneo a aquellos que, no contentos con sólo sufragar, exigen mayor equidad a la hora de ejercer el mayor honor y la más grave responsabilidad en una democracia. Un honor que muchos deshonran. Una responsabilidad a la que pocos responden. El honor y la responsabilidad de ser elegido por el pueblo para sujetar el timón de los asuntos colectivos.
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